Nunca ocultó su intención de convertirse en candidato presidencial una vez que asumió la dirigencia de su partido, con ardides y astucia fue reduciendo las posibilidades de sus rivales políticos dentro de la organización partidista; hoy enarbola la bandera de la coalición “Por México al Frente” arreglada con maña y manipulación. El candidato panista se ha visto envuelto en escándalos de manejo de recursos ilícitos, desvío de fondos, empresas fantasmas, lavado de dinero y tráfico de influencias; segundo en preferencia electoral de acuerdo a las encuestas nacionales se espera el resultado que pueden tener estas acusaciones en su imagen y campaña.

La alianza entre le derecha e izquierda se presenta como un evento histórico en la encrucijada política del país, al vislumbrar una posibilidad de triunfo el próximo 1 de julio firmaron los acuerdos para establecer la coalición dejando a un lado, por el momento, las diferencias para sumar una sola propuesta. Habrá que ver si el enamoramiento persiste después de los resultados.

Los desaciertos del candidato, las supuestas implicaciones y no hacer las aclaraciones oportunas lo desacreditan irremediablemente, creando incertidumbre y desconfianza entre propios y extraños.

Con un manejo de medios interesante ha llegado a la audiencia electoral para tropezar con sí mismo, con sus desafortunadas andanzas que lo han convertido en una imagen de doble juego, por un lado, intentando ganar la confianza y, por otro, generando titubeos sobre su persona y capacidad para poner las cosas en claro. En el supuesto de resultar ganador el próximo día 1 de julio, acabar con la impunidad es una de sus metas principales, por lo que su propia actuación raya en la incongruencia al no aclarar su situación y participación en los hechos que se le señalan en medios de información bastante profesionales y de amplia cobertura.

En su discurso maneja la idea de “lograr un México renovado y fuerte…”, los hechos dicen otra versión; y sus actos propician la desbanda blanquiazul en busca de otros colores que los arropen, principalmente sus cuadros altos y simbólicos empiezan a correr para otros lados. Esta alarmante situación, y la implicación en diversos delitos, ha hecho que venga a su rescate un personaje con una amplia cobertura e influencia política durante el sexenio foxista. El ex canciller Jorge Castañeda, ahora su estratega político, también con una doble cara: primero señala fuertemente al candidato en su estilo de vida y carencia de ideas y luego “se deja convencer” para formar parte de su equipo. Salta a la vista que el doble juego, la hipocresía y el oportunismo definen a los que integran la plataforma del candidato coalicionista.

Y si lo anterior no es suficiente, dicen sus cercanos que los fantasmas de su juventud le persiguen y es que siempre ha manifestado un carácter egocéntrico y cuando las cosas no salen como lo desea o se siente acosado, toma el papel de víctima para desviar la atención sobre su persona. Na, na, na, na, na… na, na, na… Paan