Por Miguel Ángel Lorenzo Peredo

La tendencia general de las encuestas que se han publicado respecto a la elección a la Presidencia de la República, con cuarenta por ciento de la intención de voto, colocan a Andrés Manuel López Obrador a la cabeza.

Otras fuentes, afirman que tres de cada siete ciudadanos, están a favor del Peje.

Como quiera que sea, lo anterior implica que la mayor parte del país, no queremos que nos gobierne AMLO.

Sin embargo, bajo los lineamientos de nuestro sistema democrático, esa minoría de mexicanos serían suficientes para llevar a AMLO a Palacio Nacional, (y a todos en general, de vuelta al Echeverrismo).

Eso se debe a que, los sistemas democráticos para elección de Presidentes, aplicados en México y en el mundo, no son perfectos y, en muchas ocasiones, tampoco reflejan la verdadera intención popular.

Un ejemplo; en Estados Unidos de Norte América, se aplica el sistema basado en colegios electorales, en el cual, la votación de cada estado, se refleja en un número determinado de votos del colegio electoral. Lo más curioso es que, la totalidad de votos del colegio electoral de cada estado, se van para el ganador, sin tomar en cuenta los votos en favor del perdedor.

El ganador de la contienda, resulta aquel quien obtenga más votos del colegio electoral, lo cual implica que no siempre gane el voto popular directo. Verbigracia; en la votación del año 2016, Donald Trump fue electo, a pesar de que Hilary Clinton, obtuvo casi tres millones de votos más.

Así las cosas, es menester de cada país democrático, reformar su sistema electoral, de tal suerte que sea la verdadera intención del voto popular, la que impere en la elección de los mandatarios.

En el caso de México, recomiendo el sistema de la segunda vuelta, a virtud del cual, la elección consistiría en dos rondas de votación. De la primera se obtendría a los dos candidatos más fuertes, quienes contenderían uno contra el otro en la segunda vuelta, para que, finalmente en ésta se vote al ganador final.

Este método implicaría que el ganador de la contienda presidencial, tuviera mayor legitimación y ningún presidente llegaría al poder con más votos en contra que a favor. Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del IFE, afirma que se lograría mayor inclusión en los gabinetes, ya que los candidatos se verían obligados a crear acuerdos con otras fuerzas políticas que no lograran llegar a la segunda vuelta.

Un caso de éxito de dicho sistema, fue en la reciente contienda en Francia, en donde el Presidente Macron venció Marin Le Pen, quien representaba al nacionalismo y proteccionismo, que se vive en Estados Unidos, Reino Unido, Polonia, Rusia, entre otros.

Bien se dice que el hubiera no existe, pero como reflexión a futuro, puedo decir que, si existiera la segunda vuelta en nuestra elección presidencial, el sesenta por ciento del electorado, votarían por cualquier opción contraria a AMLO y lo que él representa.
AMLO, la segunda vuelta y el “hubiera”